Altea: qué ver en el pueblo de las cúpulas azules

Altea: qué ver en el pueblo de las cúpulas azules

Hoy toca escapada a uno de los pueblos más fotografiados de la Costa Blanca: Altea. Casas blancas, calles empedradas que suben y bajan sin avisar, y el Mediterráneo asomando por cada esquina. Es de esos sitios que parecen sacados de una postal y que, aun así, merecen la pena en persona.

Puedes ver el vídeo de esta escapada en este reel de Instagram.

Un pueblo con mucha más historia de la que parece

El casco antiguo de Altea ocupa la zona que antiguamente estuvo amurallada, y por sus calles han pasado íberos, romanos y musulmanes a lo largo de los siglos. Su posición junto al mar la convirtió en un enclave estratégico… y también en un objetivo para los ataques de piratas berberiscos, lo que explica por qué el pueblo se construyó "hacia arriba", en alto y bien resguardado, en vez de pegado a la orilla.

Del recinto amurallado original todavía queda en pie el Portal Vell (Portal Viejo), al final de la calle Mayor, como testimonio silencioso de por dónde se entraba al pueblo hace siglos.

Qué ver en el casco antiguo

El corazón de Altea es la Iglesia de Nuestra Señora del Consuelo, con sus icónicas cúpulas de cerámica azul y blanca que se ven desde medio pueblo (y desde bastantes fotos de Instagram, seguro que ya la habías visto sin saber dónde estaba). El templo actual se levantó a principios del siglo XX, sobre el emplazamiento de una iglesia anterior, y suele abrir por la mañana y por la tarde — si vas con la idea de entrar, conviene comprobar el horario ese mismo día, porque puede variar.

Desde la plaza de la iglesia se puede bajar por la estrecha y empinada calle Mayor, llena de tiendas de artesanía, galerías de arte y terrazas, hasta llegar al Portal Vell. Y ya que estás por la zona, no te vayas sin pasar por:

  • Calle de San Miguel: una de las más fotografiadas del pueblo, con las fachadas blancas cubiertas de macetas y plantas.
  • Mirador Blanco: uno de los rincones con más encanto del casco antiguo.
  • Mirador de los Cronistas de España: justo al lado de la iglesia, con una de las mejores vistas de la bahía de Altea (en días claros se ve hasta el perfil de Benidorm a lo lejos).

Playas y paseo marítimo

Altea conserva algo que ya es raro en esta parte de la costa: sus playas son de piedra, no de arena, así que si vas a bañarte, unas escarpines o zapatillas de agua te van a salvar el día. La Playa de la Roda y la Playa de la Olla son las más conocidas, y el paseo marítimo que las conecta es un planazo tranquilo para cerrar el día, con el pueblo iluminado de fondo.

El Castell de l'Olla, si coincides con las fechas

Si tu visita cae a primeros de agosto, puede que tengas suerte: es cuando se celebra el Castell de l'Olla, un espectáculo de fuegos artificiales que se dispara literalmente sobre el mar y que reúne cada año a miles de personas, tanto desde tierra como desde barcos y embarcaciones frente a la costa. Si no coincide, no pasa nada — Altea da para un buen plan en cualquier época del año.

Cómo llegar y cuándo ir

En coche, Altea queda bien conectada: desde Valencia, por la AP-7 en dirección Alicante (un trayecto de en torno a dos horas), y desde Benidorm, por la N-332, en apenas 20 minutos. También se puede llegar en tranvía desde Alicante (línea dirección Dénia) o en autobús de larga distancia desde ciudades como Madrid o Barcelona.

📍 Abrir el casco antiguo de Altea en Google Maps para ver la ubicación exacta y planear la ruta.

Sobre cuándo ir: la primavera y el otoño son las estaciones más agradecidas, con temperaturas suaves para pasear por el casco antiguo sin agobios. En verano, mi recomendación es ir a primera hora de la mañana o al final de la tarde, para evitar tanto el calor como las horas de más gente.

El acceso al pueblo y a sus miradores es gratuito, así que el único "gasto" real de esta escapada es el tiempo — y quizá alguna comida por el camino.

Dónde comer en Altea

La gastronomía de la zona tira mucho hacia el arroz y el marisco, como en el resto de la Costa Blanca: arroz a banda (con el caldo de pescado servido aparte, y alioli), caldero (pescado y arroz cocinados juntos) y las típicas cocas locales son buenas apuestas si quieres comer como quien vive allí, no como quien solo pasa por turismo.

Para tu próxima escapada

Con un día completo tienes de sobra para recorrer el casco antiguo, subir a los miradores, bajar al paseo marítimo y sentarte a comer con vistas al mar. Y si además coincides con el Castell de l'Olla, mejor que mejor.

Guarda este artículo para cuando toque planear la próxima escapada, y sígueme en @chenoaventuras en Instagram — ahí suelo ir soltando los sitios antes de que lleguen aquí al blog.

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